Seis empresas se reparten los terrenos para explotar la mina de zinc del Besaya

mina de zinc del Besaya

Una compañía canadiense y otra australiana consiguen los derechos de las mejores zonas tras la adjudicación del Gobierno cántabro

Todas las empresas que se presentaron al concurso de la mina de zinc del Besaya han conseguido derechos sobre el terreno. El Gobierno regional ha repartido entre la media docena de firmas interesadas el suelo bajo el que se esconde, según las previsiones, una de las vetas de zinc más importantes del mundo. Pero son dos compañías extranjeras -una canadiense y otra australiana- las que se han llevado los mejores trozos del pastel. Las dos fueron las que más empeño mostraron desde el primer momento y la americana, en concreto, llegó a reunirse con los diputados del Parlamento y con el propio Ejecutivo para explicarles su proyecto.

La adjudicación de los derechos no supone que las excavaciones vayan a ser inmediatas. Las empresas tienen entre uno y tres años, dependiendo del caso, para hacer sondeos sobre el terreno, analizar los datos y presentar proyectos de negocio y ambientales.

De ser ciertos los primeros datos manejados por las firmas adjudicatarias, el impacto de la mina en la economía regional sería enorme. Los informes presentados a la Consejería de Industria, dirigida por Francisco Martín, revelan que en el subsuelo aledaño a la antigua explotación de Reocín se concentran más de veinte millones de toneladas de mineral que serían extraídas durante las dos próximas décadas.

Cantabria produciría cada año un millón de las 13 millones de toneladas de mineral que se extraen en todo el mundo. La Comarca del Besaya se convertiría, de la noche a la mañana, en potencia internacional en este campo. «La reserva mineral es superior a la que se produce en el mundo en año y medio. Y seguro que hay mucho más», dijo Miguel Ángel Revilla el pasado febrero.

El Ejecutivo dividió el área y publicó dos convocatorias distintas. Una para la zona occidental y otra para la oriental de una docena de municipios. Un concurso exprés que se hizo público sólo cuatro días después de que se aprobase en el Parlamento regional la modificación de la Ley de Minas. Un cambio normativo hecho en exclusiva para desarrollar este proyecto.

El Gobierno no ha valorado ofertas económicas porque las empresas no han tenido que presentarlas. El único dinero que las firmas han puesto sobre la mesa es el de la tasa por cada cuadrícula de terreno pretendida. Una cantidad que es igual para todas: 1.502 euros por la primera casilla y 12 euros por cada una de la siguientes.

Ganadores de zonas

La canadiense Emerita Resources, a través de su nueva filial Cantabria del Zinc, ha ganado el concurso de la segunda zona -en la que más sondeos se han hecho para verificar la existencia de mineral- y ha conseguido los derechos sobre las 120 cuadrículas dispersadas entre Santillana del Mar, Cartes, Torrelavega y Reocín a las que aspiraba.

Con sedes en Toronto y Sevilla, esta empresa se dedica a la adquisición y desarrollo de propiedades mineras en España y Brasil. Actualmente es titular de los proyectos mineros de investigación ‘Las Morras’ y ‘Peña Encina’, ambos situados en Extremadura, y ‘Sierra Alta’, en Asturias, dedicados a la minería de oro. Emerita Resources forma parte del banco de negocios Forbes&Manhattan.

Su proyecto es el que más avanzado está, según ha podido saber este periódico. De hecho, el primer contacto de la compañía sobre el terreno se retrotrae a enero de 2016. Un año después firmó un convenio de colaboración con la Fundación Leonardo Torres Quevedo, de la Universidad de Cantabria, para compilar la información de los sondeos y analizar si bajo el suelo de la Comarca del Besaya hay realmente esa intensidad de zinc.

Emerita Resources presentó en su día un informe a la Consejería de Industria en el que desgrana las medidas medioambientales que acompañan al proyecto. Se resumen en una sola frase: la explotación no emitirá gases ni ruidos ni vertidos al agua.

Las cifras

El documento repite hasta en cuatro ocasiones que la mina será totalmente subterránea y que, en ningún caso, se trata de una a cielo abierto, como lo fue durante 150 años la antigua instalación de Reocín. Todos los trabajos se desarrollarán a 500 metros de profundidad y en el exterior «no se percibirá nada». La australiana Slipstream Resources gestionará 187 cuadrículas de la primera zona -Comillas, Udías, Ruiloba, Cabezón de la sal y Alfoz de Lloredo-. Es todo el suelo que quería excepto una casilla de cinco hectáreas en la frontera entre Comillas y Alfoz, que le ha arrebatado Áridos y Hormigones del Deva, del grupo cántabro Candesa, sólo interesada en la explotación de piedra caliza. Este grupo es uno de los principales del país dedicados a la minería a cielo abierto no metálica y sus derivados. Cuenta en la actualidad con nueve canteras activas -Las Caldas, La Robla o Herrera de Camargo, entre otras- y ocho centros de producción de hormigón propios en Cantabria, Asturias y Castilla-León.

Rastreo mundial

El fondo de inversiones australiano se dedica, por su parte, a rastrear el mercado mundial en busca de oportunidades en el sector minero donde lograr la máxima rentabilidad. En verano del año pasado, la compañía pidió autorización para operar en Portugal, en una prospección de cuarzo, feldespato, litio y otros minerales en la ribera del río Miño. En caso de llevar adelante el proyecto de la mina de la Comarca del Besaya, se asociaría con una empresa española.

La firma tiene ahora tres años de margen para hacer prospecciones y sondeos mecánicos, analizar los resultados y presentar los proyectos -económicos, empresariales y ambientales- para el desarrollo de una explotación en la zona.

La norteamericana Louis Berger, matriz de la cántabra Apia XXI desde hace cuatro años, ha logrado 320 cuadrículas repartidas entre Cabezón de la Sal, Alfoz de Lloredo, Reocín y Santillana del Mar, pero no ha conseguido los terrenos con los que pugnaba con Emerita Resources y con la australiana Slipstream Resources.

Berger es un referente mundial en proyectos de ingeniería. Suyos son el One World Trade Center -el rascacielos más alto de New York construido sobre el suelo de las Torres Gemelas- o la piscina reflectante del monumento a Lincoln de Washington. Con más de 6.000 ingenieros en su plantilla y oficinas en 157 países, Louis Berger trabaja en la gestión ambiental de dos minas: Greens Creek (Alaska) e Inco (Canadá).

Las últimas dos compañías con derecho sobre el suelo son españolas: Atalaya Mining y Hormisa, una filial del Grupo Sadisa. La primera, que ha logrado un puñado de cuadrículas en Santillana, tiene su sede en Huelva y opera a través de su filial Atalaya Riotinto, creada en 2007 para reabrir la mina de ese mismo nombre, aunque se ha encontrado con multitud de problemas judiciales y administrativos.

La segunda, con derechos de explotación en Mazcuerras y Reocín, es propiedad de Santiago Díaz y gestiona canteras en Lerma (Burgos), Llanes (Asturias) y Barros, Carranceja y Escobedo.

Fuente: eldiariomontanes.es

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