La minería subterránea, ¿es mejor?

Por: Martín Carotti

¿La minería a “cielo abierto” ya no va más?, ¿se viene la “minería light”?

“La idea del pasado de practicar la minería a cielo abierto en Colombia es cada vez más complicado… porque es difícil llegar a un acuerdo con las comunidades y con las instituciones ambientales”, expresó el vicepresidente de la minera Gran Colombia Gold en un reportaje.

 

¿La minería a “cielo abierto” ya no sirve?, ¿debemos proponer una minería descafeinada?, ¿algo así como una “minería light”?: sería razonable, si las comunidades se opusieran a la minería porque es a “cielo abierto”, y entonces, convirtiendo los proyectos en subterráneos, esa dificultad se superara. El problema, es que no siempre podemos elegir entre a “cielo abierto” o subterráneo, y cuando es  posible, tiene costos…

 

¿Es la comunidad la que se opone?: Sabemos que NO, la oposición antiminera surge de activistas que aprovechan el natural desconocimiento de la gente, para manipularla mediante el temor, instalando slogans sin fundamento técnico alguno y con alto impacto emocional, imponiendo su discurso como lo “políticamente correcto”. Discurso que es aprovechado por políticos demagogos para hacer negocios electorales, y por algunos empresarios que no quieren enfrentar la competencia que les plantea la minería, al no querer abonar mejores sueldos ni mejorar las condiciones de trabajo.

 

Y la pregunta fundamental: ¿sirve para algo reformular el proyecto para hacerlo subterráneo, si eso fuera posible?, ¿los “ambientalistas” se quedarán conformes?, ¿habrá menos “conflictividad social”?, ¿se justifica el precio?

 

¿Cuándo se hace minería a “cielo abierto”?

 

La naturaleza dispuso el mineral y el hombre busca la forma más eficiente y segura de extraerlo. Hacerlo a “cielo abierto” no es decisión de unos gerentes malos, es una opción técnica, que depende de las condiciones geográficas, distribución del mineral, de los costos, y hasta del clima. Incluso un mismo yacimiento puede ser puesto en producción en parte a “cielo abierto” y en parte subterráneo a lo largo de su vida, en forma consecutiva e incluso simultánea.

El mineral extraído, tanto de una mina subterránea como a “cielo abierto”, puede ser procesado a la intemperie, o en instalaciones industriales bajo techo, y eso también es una decisión técnica. En el caso particular de Colombia, en gran parte de las áreas potencialmente auríferas,  el clima impide realizar lixiviación en pilas a “cielo abierto”, y la recuperación del oro se debe hacer en instalaciones industriales cerradas. A “cielo abierto” sólo se hace la extracción de las rocas, el mismo procedimiento que se usa para obtener materiales de construcción, minerales industriales, calizas para cemento y la mayoría de los productos mineros con que se construye todo lo que nos rodea.

 

Convertir un proyecto a “cielo abierto” en subterráneo ¿es gratis?, NO, es destruir mineral…

 

Por regla general, ley y volumen son inversamente proporcionales: un yacimiento tiene un pequeño sector con mucha proporción de mineral de interés (alta ley) y mayor volumen de roca de menor valor: a mayor volumen, menor ley. Esas rocas de  menor ley sólo podrán ser procesadas si son mezclados con mineral de alta ley.

 

De ser técnicamente posible, convertir un proyecto a “cielo abierto” en subterráneo,  significa extraer sólo las rocas con mayor valor, sacrificando un gran volumen de mineral de baja ley, que sólo hubiera podido ser procesado junto al de alta ley. Ese mineral no podrá ser beneficiado, ya que no hay con que mezclarlo: se ha destruido parte del yacimiento.

 

Convertir un proyecto a “cielo abierto” en subterráneo es achicar el yacimiento, es perder valor: menos inversión, menos años de producción, menos demanda de bienes y servicios, menos trabajo y menos tributos que recauda el Estado.

 

¿Una ventaja?: La minería subterránea disminuye el impacto visual, impacto que para la extracción a “cielo abierto”, se resuelve con la adecuada restauración en el cierre de mina.

 

¿Subterráneo o a “cielo abierto”?, veamos los números…

 

Tan sólo como ejemplo, tomamos el cálculo económico   del proyecto Loma Larga, antes denominado Quimsacocha (Azuay, Ecuador), según un informe del 2006. Las cifras del proyecto, si bien no actualizadas, nos dan una buena idea comparativa de ambas posibilidades de extracción para ese momento.

 

Proyecto SUBTERRÁNEO: 7.754.000t con una ley de 5,95g/t de oro, 37,1g/t de plata y 0,22% de cobre, para producir 203.186oz de oro, 588.382oz de plata y 2.361t de cobre durante 7,4 años. Una inversión de US$137 millones, con una tasa interna (TIR) de retorno de 16,4% y un valor presente neto (VAN) antes de impuesto de US$149 millones.

 

Proyecto A “CIELO ABIERTO”: 14.702.000t con una ley de 4,94g/t de oro, 30,7g/t de plata y 0,19% de cobre para producir 281.159oz de oro, 810.332oz de plata y 3.398t de cobre durante 8.4 años. Una inversión de US$264 millones, con una tasa interna de retorno (TIR) de 14,4% y un valor presente neto (VAN) antes de impuesto de US$210 millones.

 

En resumen, el proyecto subterráneo es 47% más chico en volumen y extrae el 72% del oro y plata, y el 69% del cobre que el proyecto a “cielo abierto”, sacrificando más del 25% de las reservas. A pesar que el VAN es sensiblemente inferior, la TIR del proyecto subterráneo es superior (16,4 vs. 14,4) y requiere sólo el 52% de la inversión.

 

En este caso, optar por la extracción subterránea es económicamente lógico, y esa elección implica menos inversión, más rentabilidad, menos consumo de bienes y servicios, menos generación de impuestos, menor nivel de actividad económica y laboral, y un año menos de vida. A pesar de haberse elegido desde un principio la extracción subterránea, el proyecto sigue sometido a la oposición del activismo ambientalista.

 

Algunos intentaron con la “minería light”, ¿cómo les va?

 

Como ejemplo, mencionamos dos proyectos que originalmente fueron formulados  para ponerse en producción a “cielo abierto” y luego rediseñados para extracción subterránea:

 

PROYECTO SUYAI (ex El Desquite – Chubut, Argentina): En la presentación del nuevo proyecto SUYAI se indica: “Hasta el año 2008, el yacimiento había sido proyectado para ser gestionado bajo la denominada técnica de minería a Cielo Abierto y con lixiviación en solución de cianuro para la recuperación del oro y la plata. Fruto de 3 años de diálogo y negociación con la comunidad, Minas Argentinas S.A. está en condiciones de anunciar que además de que su Proyecto Suyai ya no es a Cielo Abierto, cuenta con la tecnología suficiente como para recuperar el mineral sin la necesidad de utilizar cianuro”.

PROYECTO  ANGOSTURA (Santander, Colombia): Concebido originalmente  para extracción a “cielo abierto”, en el 2011 es rediseñado para ser subterráneo.

 

No les fue muy bien: Si bien en ambos casos se logró cierto impacto mediático, y parte de la comunidad percibió los proyectos como ambientalmente más amigables, la oposición antiminera y el uso político de sus argumentos siguieron vigentes. Escaso resultado y un costo muy alto, un costo que debemos explicarle a la comunidad y a los funcionarios que creen que alegremente se puede dejar de extraer a “cielo abierto” y pasar a subterráneo. Cuando es posible tiene costos, y los termina pagando la comunidad en actividad económica y laboral, y el Estado en impuestos no cobrados.

Ellos van por todo…

 

Creer que la oposición antiminera va a cesar en su empeño en impedir la actividad porque una mina se convierta en subterránea, es muy ingenuo. Aquellos proyectos a “cielo abierto” que fueron reformulados a extracción subterránea, sacrificando reservas, años de vida, trabajo e impuestos, con la ilusión de satisfacer las exigencias “ambientalistas”, terminaron enfrentando similar oposición irracional.

 

Creer que el problema es a “cielo abierto”, es no entender que el “fundamentalismo ambientalista” se opone a todo, va por todo… también por la “minería light”

Fuente: Martín Carotti